viernes, 31 de julio de 2026

LA ILUSTRACIÓN OSCURA, LA DEMOCRACIA Y LA LIBERTAD

Nick Land es uno de los filósofos del movimiento “neorreaccionario”, corriente filosófica que se expande por el mundo proponiendo una forma de gobierno que prescinde de la democracia y no contempla la idea de ciudadanía, tal como hoy la conocemos.

En su libro “La ilustración oscura” presenta sucesivos ensayo e introduce una idea central: la democracia es nociva.

Así Land cita a Peter Thiel quien, ya en 2009 en un debate celebrado en Cato Unbound entre pensadores libertarios que mostraron su “desilusión con la dirección y posibilidades de la política democrática”, habría dicho, “ya no creo que la democracia y la libertad sean compatibles”. Por fuerte que parezca, esa es la columna vertebral de ese movimiento.

Land se llama a sí mismo y a quienes profesan estas ideas, “neorreaccionarios”. Para los neorreaccionarios la democracia es un sistema de “compra de votos”. Ganar elecciones es para ellos “comprar votos” y el electorado es susceptible de soborno, basta con que un político mejore la vida del electorado para que este lo vote. Por eso, dice Land, “un político ahorrador es (dentro de la democracia) un político incompetente”. La idea de “político ahorrador” en este sistema de pensamiento es la del político que no destina dinero del Estado a mejorar la calidad de vida de la población. Dice Land esta idea del fracaso del “politico ahorrador” en la democracia es “una realidad que la izquierda aplaude, que la derecha del establishment acepta de mala gana y que la derecha libertaria ha combatido ineficazmente”.

La ilustración oscura se contrapone a la ilustración progresista porque “donde esta ve ideales, la ilustración oscura ve apetitos”.  La antropología de este movimiento es profundamente hobbsiana, en tanto para ellos “el hombre es el lobo del hombre” y con esa convicción arraigada operan, piensan y viven. Bajo esta antropología, la desconfianza, el odio y el individualismo reinan por sobre cualquier sentimiento de amor, solidaridad y empresa colectiva.  En este sentido, para los neorreaccionarios, el “apetito” es el único móvil que orienta a quienes se ocupan de lo público en un gobierno elegido democráticamente. 

De allí que diga Land, citando a  Mencius Moldbug que, “si el Estado no puede ser eliminado, al menos debe ser curado de la democracia”. Para eso Moldbug propone el “neocameralismo” o sea, considerar que un Estado es una empresa que posee un país. Los clientes de esta empresa son sus residentes. El objetivo de este sistema de gobierno es desplazar a lo que ellos denominan“La catedral”, un complejo intelectual, mediático, académico y gubernamental que mantiene la ideología del igualitarismo, el universalismo y el progresismo que, a su vez, sostiene a la democracia corrupta. Con el “neocameralismo” los clientes elegirían un CEO para su país y lo despedirían cuando no funcionase. En este mundo posible “ya no sería necesario que los residentes (clientes) se interesen en absoluto por la política. De hecho, hacerlo sería exhibir tendencias semicriminales”. 

El autor ubica como antecedentes del neocameralismo “el absolutismo ilustrado del siglo XVIII representada por Federico el Grande y la tradición no democrática del siglo XXI, atisbada en fragmentos perdidos del Imperio Británico como Hong Kong, Singapur y Dubai”. De estos últimos dice “suelen ser bastante prósperos, solo son débiles en cuanto a libertad política, y la libertad política no es importante por definición cuando el gobierno es estable y eficaz”.

Se plantea así una concepción de mundo y de vida darwinista y reducida a una animalidad que inquieta. El Estado no garantiza derechos y lo ciudadanos son clientes. La democracia es un estorbo y desaparece el sentimiento de comunidad y aún el de Nación.

Es un mundo muy oscuro el que propone esta ilustración oscura y sin una propuesta de mejora a futuro sino de regresión al medioevo -por supuesto con herramientas actuales como las redes y la inteligencia artificial-, bajo el nombre de “neorreacción”.

Fenómeno interesante para estudiar porque expone otra idea de hombre y otra escala de valores, otra antropología y otra axiología al tiempo que propone un mundo distópico e inquietante.





sábado, 25 de julio de 2026

EL PARTIDO. NO ES “SOLO FÚTBOL”

Es una película que, a la manera de un documental, presenta testimonios de los jugadores del épico enfrentamiento en el Mundial de México de 1986.

Los relatos se suceden en tanto la película recorre la rivalidad histórica de Inglaterra y Argentina que se origina en tiempos remotos, desde aún antes de que el capitán Antonio Rattín en el Mundial de1966 tuviese la insolencia de estrujar un banderín inglés y sentarse en la alfombra roja de la reina, en señal de protesta por haber sido excluido del juego.

El enfrentamiento de 1986  es también reflejado en el ámbito político con imágenes de las invasiones inglesas y la guerra de Malvinas. Efectivamente, aunque en un pasaje Diego Maradona dice es “solo fútbol”, la película da testimonio de que cada partido con Inglaterra no es “solo fútbol” y todos lo sabemos. 

Esa tarde del 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca y bajo un calor sofocante se libró una batalla épica en la que la belleza, la picardía, la elegancia, la astucia y el talento argentinos fueron las armas de un equipo que, de “la mano de Dios” nos subió  a un “barrilete cósmico” para elevarnos al cielo de la gloria por un rato que aún dura.

El destino o el azar quisieron que, luego de 40 años y a pocos días de la muerte de Rattín (en cuyo homenaje los jugadores llevaron brazaletes negros), se reflotara la épica y Argentina repitiera la hazaña. Pero seguramente esa será otra historia a contar.

La película conecta muchas emociones y símbolos argentinos estando presente también la literatura en un breve cuento de Borges que se inspira en la guerra de Malvinas. 

Es emocionante ver, a través del fútbol, el espíritu inclaudicable de una nación que, a lo largo de la historia, no se deja avasallar por ningún poder. Por eso El partido no “es solo fútbol”, es un reflejo de lo que orgullosamente fuimos, somos y seremos.


Ficha técnica 

El partido (Argentina / 2026). Dirección: Juan Cabral y Santiago Franco. Guion: Juan Cabral y Santiago Franco. Fotografía: Pablo Gallego. Edición: Lucas Coppolecchia, Sebastian Fasanelli, Juan Pablo Scaglione y Mauro Caporossi. Elenco: Gary Lineker, John Barnes, Jorge Burruchaga, Jorge Valdano, Julio Olarticoechea, Oscar Ruggeri, Peter Shilton, Ricardo Giusti.



jueves, 16 de julio de 2026

Un corso a contramano


Giuliano da Empoli es un escritor italiano con extensa trayectoria politica y por ende muy conocedor de los entretelones del poder. Tiene tres libros publicados: “El mago del Kremlin”, que es una novela, “Los ingenieros del caos” y La hora de los depredadores” este último publicado en 2025.

En Los ingenieros del caos habla del surgimiento del Movimiento 5 estrellas en Italia y en la consiguiente inauguración de un nuevo modo de hacer política que apuesta principalmente a la confusión y al desorden. De allí que utilice como metáfora la imagen del carnaval, de un corso en el que todo vale, donde lo malo parece ser bueno y lo bueno, malo.

En La hora de los depredadores grafica, en una docena de relatos, cuál es la potencia de esta manera de ejercer el poder, en el que, como lo indica el subtítulo “el caos ya no es el arma de los insurgentes, es el sello del poder”.

En esta época de caos en el que las herramientas para interpretar el mundo parecen haber perdido su eficacia, leer a un autor como da Empoli es fundamental. Todo adquiere un nuevo significado bajo su óptica permitiéndonos entender este carnaval en el que se ha convertido el mundo.



Regresión a lo Pre civilizatorio


Cuando Freud hace alusión a la horda primitiva, refiere a la muerte del padre por parte de los hijos. Un instante mítico en el que el hombre instala la ley y así también las bases de la cultura. 


Efectivamente, los hijos matan al padre tirano que accedía a todas las mujeres de la aldea impidiendo a los hijos hacerlo; un padre que imponía su voluntad a sus hijos sometiéndolos a su arbitrio, sin atenerse él mismo a ninguna ley que limitara sus acciones. Una vez muerto el padre y como herencia de ese acto, los hijos se juramentan atenerse a una ley que nace en ese momento y que, por supuesto, el padre no tenía. Una ley que consiste esencialmente en no acceder a las mujeres de la tribu (incesto) y no cometer el crimen perpetrado (parricidio), instalándose así las dos potentes prohibiciones que fundan la civilización y la cultura.


Es este hecho de la instauración de una ley válida para todos, lo que da origen a la civilización y a la cultura en tanto limitantes de los aspectos más animales del ser humano. Efectivamente, de no existir este pacto inicial, no existiría ni la ley, ni la cultura, ni la civilización y viviríamos bajo el imperio de la animalidad y el dominio del más fuerte.


Pero si observamos el mundo hoy, pareciera que vivimos bajo esos parámetros pre civilizatorios. Vivimos en un constante estado de excepción -al decir de Giorgio Agamben- en el que las garantías, los derechos y las prohibiciones están suspendidas. Así un Estado mata a niños en Palestina, otro desobedece leyes para proteger a los más vulnerables sancionadas en su mismo seno, otro interviene descaradamente en la economía de otro país y bombardea embarcaciones civiles con la excusa de la guerra contra el narcotráfico; y así no dejamos de constatar una regresión a esa etapa pre civilizatoria cuando la ley no existía y todo se regulaba por la imposición de la voluntad del más fuerte.


Estamos involucionando a una especie de pre civilización y el mundo, con su cada vez más minúscula clase dominante y su cada vez más numerosa clase dominada, no para de parecerse a Cronos (Saturno para los romanos) ese dios tirano de la mitología griega que se comía a sus propios hijos. 


Hoy son algunos Estados y una clase tecnócrata dominante propietaria de esos Estados -al decir de Yanis Varoufakis- quienes se devoran a los vulnerables, llevando al mundo a una etapa primigenia en la que no existían derechos sino solo la ley del más fuerte y la subordinación del más débil. 

La novedad más inquietante quizás sea que a esa involución se la llame “libertad”.


S.R.


Ilustración: “Saturno devorando a su hijo”, obra de Francisco de Goya (1820-1823)