jueves, 16 de julio de 2026

Un corso a contramano


Giuliano da Empoli es un escritor italiano con extensa trayectoria politica y por ende muy conocedor de los entretelones del poder. Tiene tres libros publicados: “El mago del Kremlin”, que es una novela, “Los ingenieros del caos” y La hora de los depredadores” este último publicado en 2025.

En Los ingenieros del caos habla del surgimiento del Movimiento 5 estrellas en Italia y en la consiguiente inauguración de un nuevo modo de hacer política que apuesta principalmente a la confusión y al desorden. De allí que utilice como metáfora la imagen del carnaval, de un corso en el que todo vale, donde lo malo parece ser bueno y lo bueno, malo.

En La hora de los depredadores grafica, en una docena de relatos, cuál es la potencia de esta manera de ejercer el poder, en el que, como lo indica el subtítulo “el caos ya no es el arma de los insurgentes, es el sello del poder”.

En esta época de caos en el que las herramientas para interpretar el mundo parecen haber perdido su eficacia, leer a un autor como da Empoli es fundamental. Todo adquiere un nuevo significado bajo su óptica permitiéndonos entender este carnaval en el que se ha convertido el mundo.



Regresión a lo Pre civilizatorio


Cuando Freud hace alusión a la horda primitiva, refiere a la muerte del padre por parte de los hijos. Un instante mítico en el que el hombre instala la ley y así también las bases de la cultura. 


Efectivamente, los hijos matan al padre tirano que accedía a todas las mujeres de la aldea impidiendo a los hijos hacerlo; un padre que imponía su voluntad a sus hijos sometiéndolos a su arbitrio, sin atenerse él mismo a ninguna ley que limitara sus acciones. Una vez muerto el padre y como herencia de ese acto, los hijos se juramentan atenerse a una ley que nace en ese momento y que, por supuesto, el padre no tenía. Una ley que consiste esencialmente en no acceder a las mujeres de la tribu (incesto) y no cometer el crimen perpetrado (parricidio), instalándose así las dos potentes prohibiciones que fundan la civilización y la cultura.


Es este hecho de la instauración de una ley válida para todos, lo que da origen a la civilización y a la cultura en tanto limitantes de los aspectos más animales del ser humano. Efectivamente, de no existir este pacto inicial, no existiría ni la ley, ni la cultura, ni la civilización y viviríamos bajo el imperio de la animalidad y el dominio del más fuerte.


Pero si observamos el mundo hoy, pareciera que vivimos bajo esos parámetros pre civilizatorios. Vivimos en un constante estado de excepción -al decir de Giorgio Agamben- en el que las garantías, los derechos y las prohibiciones están suspendidas. Así un Estado mata a niños en Palestina, otro desobedece leyes para proteger a los más vulnerables sancionadas en su mismo seno, otro interviene descaradamente en la economía de otro país y bombardea embarcaciones civiles con la excusa de la guerra contra el narcotráfico; y así no dejamos de constatar una regresión a esa etapa pre civilizatoria cuando la ley no existía y todo se regulaba por la imposición de la voluntad del más fuerte.


Estamos involucionando a una especie de pre civilización y el mundo, con su cada vez más minúscula clase dominante y su cada vez más numerosa clase dominada, no para de parecerse a Cronos (Saturno para los romanos) ese dios tirano de la mitología griega que se comía a sus propios hijos. 


Hoy son algunos Estados y una clase tecnócrata dominante propietaria de esos Estados -al decir de Yanis Varoufakis- quienes se devoran a los vulnerables, llevando al mundo a una etapa primigenia en la que no existían derechos sino solo la ley del más fuerte y la subordinación del más débil. 

La novedad más inquietante quizás sea que a esa involución se la llame “libertad”.


S.R.


Ilustración: “Saturno devorando a su hijo”, obra de Francisco de Goya (1820-1823)