martes, 3 de noviembre de 2009

El Secreto de sus ojos (y del objeto a)

En un texto de reciente aparición, Jacques-Alain Miller se refiere a la práctica psicoanalítica como la “escucha del detalle”[1]
En la última película de Juan José Campanella, “El secreto de sus ojos”, también son los detalles la cuestión a tener en cuenta y, en este sentido, podríamos decir que se trata de “ver el detalle”.
Recordemos que el film se basa en la novela de Eduardo Sacheri “La pregunta de sus ojos” publicada en 2005. El guion es de Sacheri y Campanella.

En el film, lo visto y lo no visto, la mirada y los ojos cuentan una historia más allá de los diálogos entre los protagonistas. Cuando las palabras dicen una cosa las miradas dicen otra muy distinta. Los personajes de Soledad Villamil y Ricardo Darín juegan todo el tiempo con esta cuestión haciendo cómplice al espectador, cómplices del secreto de sus ojos.
Las miradas, lo visto y lo mostrado se exhiben abiertamente.
En la escena del ascensor no hay diálogos, sólo el brillo de un arma y una tensión angustiante que nace de lo visto. Como tensa es también la escena en la que el mismo personaje muestra sus genitales a una mujer, luego de quedar con la mirada incrustada en su escote. La misma compulsión que lo lleva a un estadio deportivo donde existe algo que no se puede dejar de ver, pero donde él tampoco deja de ser visto.

La mirada es uno de los nombres del objeto a en Lacan, en tanto objeto que es bordeado por la pulsión en su recorrido. Efectivamente, la pulsión no se satisface sino en su recorrido, estableciéndose un circuito que sólo puede bordear al objeto a. “…ese objeto que, de hecho, no es otra cosa más que la presencia de un hueco, de un vacío, que según Freud, cualquier objeto puede ocupar, y cuya instancia sólo conocemos en la forma del objeto perdido a minúscula.” [2]
Eso que siempre falta es lo que motoriza al deseo. Por ello el objeto a es objeto causa de deseo.
Como la “a” que falta en la máquina de escribir del protagonista, el objeto a es eso que siempre se nos escapa, eso que nombra la falta, pero que justamente por no estar, está más presente que ninguna otra cosa.
Y de eso se trata en el film, de elementos que faltan desde siempre: el amor manifiesto y el responsable de un crimen. La palabra que nombra al amor, se anticipa emergiendo desde un estado de ensoñación del protagonista, bajo la forma del temor (“temo”, escrito en un papel), temor que se transmuta al agregarle el elemento ausente, precisamente la letra que falta a la vieja máquina de escribir.

“El secreto de sus ojos” es una película en la que el espectador completa el cuadro de una historia, en tanto es contada con miradas que hablan revelando una falta que está allí desde siempre, haciendo posible que el deseo se construya a lo largo del recorrido temporal de los protagonistas. Un circuito de vaivenes que nunca alcanza a cerrarse. Y tanto no se cierra que cuando está a punto de hacerlo, en la última escena, lo que se cierra es la puerta de la habitación en la que están los protagonistas, velando así la escena y dejando al espectador afuera. De allí que “El secreto de sus ojos” sea también el secreto del objeto a, objeto causa del deseo, sólo causa, nunca alcanzado.

* Agradecemos los comentarios personales del Dr. Carlos Gustavo Motta en la etapa de elaboración del texto.


[1] Jacques-Alain Miller. Puntuaciones sobre la dirección de la cura. Conferencias Porteñas. Tomo 2. Paidós. 2009
[2] Jacques Lacan. El Seminario 11. Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis. Cap. XIV, La pulsión parcial y su circuito. Pág. 187. Paidós. 2001