domingo, 4 de abril de 2021

SKY ROJO, EL CIELO DEL MACHISMO

 

Admito que ver Sky rojo (cielo rojo) me llevó un esfuerzo considerable, soportable por la brevedad de sus capítulos por un lado y por un carácter optimista que me hace siempre pensar que algo mejor llegará, cosa que aquí no ocurrió.

Lo primero que llama la atención es la estética colorida del vestuario y las locaciones que acompaña a la belleza joven de los personajes. Una estética estilo Almodovar de los 80, una especie de road movie que me recordó a Thelma y Louise -la famosa película de inicio de los 90- y ciertos toques que recuerdan a Perros de la Calle de  Tarantino. Pero allí se termina lo rescatable. 

El film aborda el durísimo tema de la trata de personas con una liviandad propia de una mala comedia. Está llena de clichés -como el origen humilde de la cubana y la argentina- y de lugares comunes, como los mecanismos psicológicos supuestamente puestos en juego para soportar la esclavitud sexual. 

Pero, lo más llamativo es el enfoque machista y retrógrado que tiene. La prostitución y la trata de personas son banalizados y hasta justificados al salpicarlas de notas de humor, como cuando el proxeneta dice que España es potencia en protitución. La violencia hacia la mujer se presenta en los diálogos y en las acciones de manera torpe, como en esos espectáculos de payasos de circo con golpes simulados. En otros momentos esa violencia se transmite indolora y erotizada, al estilo de esas viejas escenas de "Amo y Señor", aquella telenovela de la década del 80 en las que Arnaldo André pegaba a una habituada Luisa Kuliok. En este sentido atrasa más de 30 años.

No llega a ser testimonial ni cruda, pero tampoco pochoclera, aunque pareciera tener intenciones de visibilizar el tema desde un enfoque edulcorado. La trama simple y las actuaciones sin pasajes para destacar, excepto por lo malo -como la escena de la riña femenina- la hacen una serie muy llana como los caminos que recorren las protagonistas y las emociones que provoca. 

Es una serie que hace de la prostitución y la trata de personas un espectáculo glamoroso e incluso romántico despojado del elemento social dramático que lo constituye y define. Casi una apología, que ofrecerá una segunda temporada.


Silvio Rivero



viernes, 2 de abril de 2021

DE LA GUERRA DE MALVINAS A LA PANDEMIA


Hoy es un día para recordar a nuestros héroes de Malvinas y para redoblar las energías en el reclamo legítimo de soberanía, pero creo también es un buen momento para ubicar el campo de lo politico.

Dice Lacan en el Seminario 11 "Todos saben que la política consiste en negociar, y en su caso al por mayor, por paquetes, a los mismos sujetos, llamados ciudadanos, por cientos de miles”. La guerra de Malvinas fue la más brutal demostración de la veracidad de esta frase. 

Una Junta Militar que en 1982 luchaba por quedarse en un poder que se derrumbaba apeló a la guerra como ofrenda sacrificial para lograr el apoyo popular. Lo mismo haría en Gran Bretaña una Margaret Thatcher jaqueada por problemas económicos y sociales debido a su plan de ajuste. La guerra a ella le serviría también para mantenerse en el poder para lo cual necesitaba ganar las elecciones del año siguiente.

En ambos casos la guerra fue por motivaciones políticas egoístas: las de perpetuarse en el poder. Y la moneda con la que se pagó esa pretensión delirante fue, en nuestro país, la vida de chicos de 18 años.

Creo que es bueno tener esto presente porque hoy también la política sigue siendo "negociar por paquetes a los sujetos", pero hoy se trata -desde un gobierno- de preservar la vida en una pandemia comprando vacunas, mientras siguen existiendo los herederos morales de aquellos que contabilizaban vidas entregadas al dios de la guerra para mantener aunque sea algo de su poder e impunidad. Hoy se puede ver a los continuadores de esa politica de muerte conspirando contra cada medida destinada a salvar vidas, porque su apuesta sigue siendo a la destrucción para lograr una pizca de poder.

Hoy es un día para honrar a nuestros muertos pero también para luchar más que nunca por preservar las vidas amenazadas por un virus y por algunas políticas con reminiscencias de guerra pasada.

Silvio Rivero